7 de mayo de 2009

Paisajes Musicales



 El mar y Anuna (Algunos temas de Deep dead blue y Cynara)

Anúna, Ocean
 
No hace mucho encontré en un foro de arte una pregunta lanzada a los artistas, ¿pintáis con música?, la mayoría contestó que no, la música les distraía para concentrarse en su actividad creativa.

Sin embargo yo no puedo pintar si no me acompaña, cada trazo, cada color, cada mancha, y cada objeto de algún modo ha sido sugerido por ella, a veces es al contrario, decido la música, el sonido que necesito que suene en base a lo que previamente he sentido que quería desarrollar.

En esta etapa pictórica todo esto cobra sentido aún con más fuerza, la imagenes familiares, los colores, las manchas son más música que nunca.

3 de mayo de 2009

Sinestesia

La sinestesia, del griego συν, 'junto', y αισθησία, 'sensación', es la mezcla de impresiones de sentidos diferentes. Un sinestético puede, por ejemplo, oír colores, ver sonidos, y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. La sinestesia es también un efecto común de algunas drigas psicodélicas, como el LSD ,la mescalina o algunos hongos tropicales.
Los sinestéticos perciben con frecuencia correspondencias entre tonos de color, tonos de sonidos e intensidades de los sabores de forma involuntaria. Por ejemplo, un sinestético puede ver un rojo con mayor intensidad cuando un sonido se vuelve más agudo, o tocar una superficie más suave le puede hacer sentir un sabor más dulce. Estas experiencias no son metafóricas o meras asociaciones sino percepciones, y la depresión tiende a aumentar su fuerza, aunque erroneamente a lo que popularmente se cree (o cientificamente en algunos casos), la sinestesia no es ningún trastorno o problema mental. Los sinestésicos no son más vulnerables a las perturbaciones o enfermedades mentales que el resto.


La sinestesia puede ocurrir incluso cuando uno de los sentidos está dañado. Por ejemplo, una persona que puede ver colores cuando oye palabras puede seguir percibiendo estos colores aunque pierda la visión durante su vida.

La sinestesia no es un fenómeno frecuente. Anteriormente se suponía que la sinestesia era muy rara, pero hoy en día algunos científicos han sugerido que es 88 veces más común de lo que se suponía; es posible que el fenómeno ocurra en una de cada 23 personas. Una causa de la diferencia en estas estadísticas es que los sinestésicos no suelen reconocer que la mayoría de la gente no tiene esa capacidad. El tipo de sinestesia en el cual las personas ven colores cuando oyen o leen letras y números es el más frecuente, hasta 1% de personas. Otras personas saborean sonidos y colores, entre otros.
Nuevas investigaciones muestran que la sinestesia ocurre mucho más frecuentemente de lo que se pensaba. Es difícil describir las capacidades de los sinestésicos porque hay muchas clases. Algunos sinestésicos son extraordinarios y poseen una profunda sensibilidad musical, pues pueden distinguir e identificar sonidos que, a nivel consciente, no son fácilmente percibidos por otros humanos "normales" lo cual muchas personas suelen relacionar con el 'oido absoluto'.
Algunos sinestésicos se deleitan escuchando ópera, visualizando muchos colores y sabores. La creatividad es otra característica de estas personas. Actualmente se realizan investigaciones con personas en gran parte del mundo y se ha descubierto que también poseen excelente memoria y poder de recordar hechos, aunque las capacidades extraordinarias no son una condición común a todos los sinestésicos.

La sinestesia además de la mezcla de sensaciones auditivas, visuales, gustativas, olfativas y táctiles, asocia elementos procedentes de los sentidos físicos con sensaciones internas (sentimientos).

Las asociaciones sinestésicas favorecen la memorización de conceptos abstractos, al vincularlos con realidades sensibles.

Es imposible penetrar en la mente del sinestésico para entender o compartir sus particulares percepciones. Carol Steen, una artista de Nueva York para quien las letras, los números, los sonidos y los dolores evocan una variedad de colores, dice: “Para mí es como si ustedes vieran el mundo en blanco y negro. Yo lo veo en color”.

Es hereditaria, es decir, existen familias sinestésicas, las hay leves y fuertes (bajas y altas en intensidad), es más común en artistas o personas creativas en general.

Estadísticamente, parece que hay más mujeres sinestésicas que hombres. La relación varía entre 2.8 contra 1. Aunque algunos autores no sepan el por qué, Cytowic nos da la siguiente respuesta: “(la sinestesia) tiene lo que se denomina dominancia ligada al cromosoma X, esto quiere decir que se transmite por el cromosoma X. La mujer tiene dos X y el hombre un X y un Y; por lo tanto, puede ir de la madre a la hija o al hijo, o puede ir del padre a la hija. Nunca puede ir del padre a un hijo. Por lo tanto, si tienes un varón sinestésico ,éste debe tener una madre sinestésica. Este tipo de herencia también produce muchas más mujeres sinestésicas que hombres, al menos 3 a 1, pero la proporción podría llegar a ser de 6 a 1. Por lo tanto hay más mujeres sinestésicas que hombres”.


Sinestésicos celebres : Escritores: Virgilio, Arthur Rimbaud, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Charles Baudelaire, Vladimir Nabokov, Marcel Proust. Músicos: Bach, Mozart, Beethoven, Franz Liszt, Rimsky-Korsakov, Alexander Scriabin, Olivier Messiaen. Pintores: Kandinsky, David Hockney, Paul Klee.


SINESTESIA, ¿UNA CUALIDAD OLVIDADA?

Unos experimentos diseñados por Daphne Maurer en la Universidad de Macmaster (Canadá) demuestran que todos los bebés hasta la edad de tres o cuatro meses confunden la visión con el oído o el tacto y el gusto. Así, los neonatos pueden experimentar gustativamente la voz de la madre. Esto nos podría indicar que cuando nacemos, los diferentes centros que procesan los sentidos podrían estar conectados, y que es poco a poco, a lo largo del crecimiento y el desarrollo, cuando vamos dividiendo y especializando nuestros sentidos a un determinado estímulo. Podría ser que los sinestésicos no hubiesen perdido algunas de esas conexiones.



PODEMOS SER SINESTÉSICOS

El 14 de enero de 2008, 26 estudiantes, todos ellos no sinestésicos, del grupo 5 de la asignatura Introducción al color, durante una clase de tres horas, desarrollaron una práctica de ‘música y pintura’, en la que pintaron, de manera abstracta, lo que ‘sentían’ mientras escuchaban 18 diferentes piezas breves de música. Se pidió que trabajaran atentos a su propio proceso y agudizando su sensibilidad auditiva y visual. Separándolas según la música bajo la que habían sido realizadas, las pinturas se analizaron cualitativamente en busca de similitudes formales y de carácter, y se compararon las respectivas piezas musicales y obras pictóricas, en busca de similitudes estructurales y de carácter, de analogías intermodales y de asociaciones. Aun tratándose de un estudio a pequeña escala, confirma la influencia del carácter del estímulo musical en el carácter de la pintura, la tendencia a la analogía o congruencia entre diferentes modalidades sensoriales, y refuerza las hipótesis de que los criterios estéticos de la población normal (seguramente más afinados en los estudiantes de arte) tienen una base común compartida con la sinestesia, de modo que, de alguna manera, los sinestésicos no son tan especiales y tan distintos de la población general, como enuncia la hipótesis de la/s sinestesia/s, e incluso, esta capacidad podría ser entrenable.

Juan Carlos Sanz, en su estudio “El lenguaje del color” (1985) nos analiza el color y sus correspondencias con otros sentidos, donde la sinestesia es tomada como una capacidad que todos poseen y por atrofia perdemos (según sus palabras).


SOÑAR EN COLOR

En una canoa gris nacarada, navego lentamente por un rio, la selva en varios tonos de verdes cubre ambas orillas como un manto espeso, los rayos del sol surgen del cielo y entre la vegetación, reflejandose sobre las aguas cristalinas y limpias. Desemboco en el mar, el verde desaparece y da paso a una playa de arenas ocres doradas, bañadas por el naranja del cielo, al igual que el mar. Frente a mi, un acantilado de rocas oscuras que no me resulta difícil salvar y me encuentro en un templo, me asomo a un mirador que da al mar, aunque casi parece un pasillo del que no veo el final, plagado de puertas y ventanas abiertas con marcos anchos de madera oscura, el techado también de madera, al igual que el suelo, está sostenido por columnas doradas y rojas, la barandilla lisa, sencilla, de obra, es de un tono beige ligeramente amarillento, como la pared, me recibe un monje, sonriente, se que lo ès aunque viste vaqueros y una camisa a cuadros azules y blancos, me dice algo y luego contemplamos la puesta de sol, el cielo es naranja, el mar también, el sol una bola de luz rojo bermellón, me envuelve una inmensa paz y el silencio.

De pronto todo desaparece y me encuentro en mi cama intentando enfocar el techo y lo que me rodea, sólo ha sido un sueño, una lástima, aun tengo ese naranja intenso bailando en mi mente.

Tras la cortina


Más allá de lo perfecto